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Notas para entender la estrategia de manipulación mediática en el caso cubano

Notas para entender la estrategia de manipulación mediática en el caso cubano Ángeles Díez
Pueblos. 26-11-2003.

El caso cubano es sin duda un ejemplo que será recogido en los anales sobre manipulación informativa. Estoy casi segura de que las empresas de Relaciones Públicas (las segundas en importancia después del negocio de las armas) lo tienen entre sus casos de estudio. En él podemos encontrar casi todas las técnicas, desde las más burdas a las más sofisticadas. Centrémonos en tres aspectos que, desde mi punto de vista, son claves para comprender el tratamiento que se da a Cuba en los medios españoles: a) la conversión de cualquier hecho en noticiable, sea o no relevante, b) su exageración y sobredimensionamiento; y c) la sintonía y unanimidad con independencia de la ideología o los intereses del medio.

El número de veces que aparecen noticias sobre Cuba en nuestros medios y el espacio dedicado a hablar de la isla, sobre todo de su jefe de Estado Fidel Castro, es incomparablemente mayor que la atención prestada a cualquier otro país (excepción hecha de Venezuela desde que Chávez llegó al poder, pero se reduce a momentos más puntuales). Se habla más de Cuba que de cualquier país latinoamericano. La pregunta de cualquier espectador-lector-oyente sensato podría ser ¿Qué justifica esta cobertura mediática? ¿Realmente se trata de un país tan grande, tan poderoso, tan importante en términos económicos? o ¿tal vez se trata de un país donde se producen asesinatos en masa, casos comprobados de torturas, aplicación sistemática de la pena de muerte, violaciones del derecho internacional, hambrunas, epidemias? Ninguna de las situaciones anteriores se da en Cuba. Aunque las opiniones o declaraciones no contrastadas de los disidentes y los artículos que leemos habitualmente pudieran hacernos creer lo contrario, no existe ningún dato objetivo que coloque a la isla en esa situación de tema estrella por delante de países como Ecuador, Bolivia o Paraguay, por citar sólo algunos países del área.

A modo de comparación

De hecho, si comparamos los informes de Amnistía Internacional del 2002 sobre estos países, encontramos que se dice de Ecuador que "continúan suscitando preocupación la tortura y los malos tratos, y en particular las muertes bajo custodia", además de decenas de personas que fueron "víctimas de ejecución extrajudicial"; de Bolivia se dice que los miembros de las fuerzas de seguridad cometieron homicidios durante las manifestaciones; en Paraguay se informa sobre casos de tortura y malos tratos a presuntos delincuentes, reclutamiento de niños por parte de las fuerzas armadas y policía, etc. Sobre Cuba se señala como lo más significativo las restricciones al ejercicio de las libertades de expresión, asociación y reunión, o agresiones verbales contra disidentes. Excepto para la situación específica de las detenciones y las tres ejecuciones ocurridas en 2003, en los años anteriores Cuba aparece como uno de los países mejor situados en relación al respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de las resoluciones internacionales y con menores desigualdades sociales. De hecho, Cuba fue elegida miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas a principios de este año; comisión en la que la admisión de EE UU fue rechazada por votación de los países miembros en el 2002 y su ingreso sólo fue posible por la renuncia de España e Italia.

Al hilo de esta reflexión cabe también plantearse por qué el tema de las libertades civiles y el caso de las penas de muerte aplicadas este año en Cuba han tenido mayor difusión en nuestros medios que los cientos de sentencias de muerte que cada año se firman en los Estados de Arizona, Montana, Colorado y Texas. De hecho, si no acudimos a los informes del PNUD o de AI no nos enteramos de que la aplicación de la pena de muerte en EE UU sigue estando muy extendida, de que este país se encuentra en el puesto más alto del ranking del índice de sufrimiento humano, de que tras los atentados del 11 de septiembre se detuvieron a 1.200 personas, la mayoría extranjeras, sin información pública, que en noviembre el presidente Bush aprobó una orden que establece la creación de comisiones militares especiales, ajenas a las normas procesales internacionales, que la brutalidad policial es una práctica habitual y que es uno de los países, junto con Israel, que más violaciones del Derecho Internacional Humanitario tiene en su haber. Significativamente, éstos sí son datos contrastados.

Acontecimientos magnificados

Pero no sólo se sobredimensionan y magnifican los acontecimientos que ocurren en la isla, también se habla de Cuba aunque no haya ocurrido nada, es decir, Cuba es noticia aunque no lo sea. Como esos productos y marcas publicitarias que aparecen camuflados en las teleseries o en los realityshows formando parte del programa, sólo que en este caso no aparece el cartelito que dice "publicidad". Escritores, cantantes, músicos cubanos… son mimados por nuestros medios, siempre que hablen mal del Gobierno cubano, o siempre que puedan utilizarse sus palabras para sembrar la sospecha o las dudas sobre la situación de la isla. De hecho, incluso los artistas españoles en sus campañas de promoción, si han de dar una imagen "progresista" tienen que curarse en salud hablando mal del presidente cubano. Tal vez los periodistas españoles consideran –¿según criterio propio?– que las opiniones de los cubanos que abandonan la isla son fuentes lo suficientemente veraces para dar cuenta de lo que ocurre allí, o que por el mero hecho de abandonar su país los convierte en excelentes artistas, o que las opiniones de cantantes famosos que graban y viven en Miami son de la calidad objetiva suficiente.

Quizá. (Parece que hoy en día esa máxima del periodismo que consistía en verificar las fuentes ha pasado a mejor vida). Pero incluso si esto fuera así, si a las audiencias nos bastara con opiniones, con datos parciales e interesados, si fuéramos tan crédulos o cándidos que nos creyéramos lo que los medios nos cuentan de mil formas diferentes sobre la isla y su Gobierno, incluso en esta situación ideal para los medios, no deja de ser sorprendente que se la preste más atención de la que jamás se prestó, por ejemplo, a la situación de Timor antes de la deposición de Suharto, un régimen que acabó con la vida de al menos veinte mil timoreses orientales y más de cien mil personas acusadas de pertenecer al partido comunista, sin hablar de la represión interna durante treinta años que llenó miles de hojas documentadas en los informes de AI. Las noticias sobre Timor o sobre la represión en Indonesia no existieron nunca para nuestros medios, aunque tal vez tuviera algo que ver la definición de "pupilo modelo de la globalización" que hizo el BM de este país.

Parece que la estrategia que siguen nuestros medios con Cuba es justo la antagónica a la aplicada en otros casos como el de Timor, que ya Chomsky señalara como uno de los casos más sorprendentes de desinformación. En el caso de Cuba estamos justo en el otro extremo.

Atendiendo sólo a los datos contrastados y a algunas fuentes fiables como Naciones Unidas o Amnistía Internacional, la relevancia de las informaciones sobre Cuba apenas daría lugar a breves reseñas.

De modo que la pregunta pertinente es sin duda ¿por qué Cuba es tan importante para los medios españoles? Podemos aventurar algunas hipótesis y tratar de practicar ese deporte tan en desuso hoy en día que es aplicar el sentido común. ¿No será que es importante para los medios españoles porque lo es para los Estados Unidos? ¿No estaremos ante una campaña propagandística de largo alcance, tan largo como el propio bloqueo económico que mantiene EE UU contra la isla desde hace cuarenta años, y al que se une España con todo su arsenal mediático?

Si nos tomáramos el tiempo de anotar, recortar y grabar todas las informaciones que vamos encontrando sobre Cuba, nos daríamos cuenta de que hay demasiadas casualidades y/o coincidencias en nuestros medios. Tal parece que nos encontramos ante una campaña de marketing bien diseñada en la que se nos vende, esta vez, un producto precocinado en la factoría "made in USA". ¿No estaremos nosotros, "inocentes" consumidores, siendo víctimas y verdugos de complejos intereses que convierten a la isla en un bocado imprescindible para el imperio? ¿Por qué fiarnos de lo que nos han hecho creer sobre Cuba cuando las encuestas recientes demuestran que, a pesar de no haberse demostrado vínculo alguno entre Sadam y los atentados del 11 de septiembre, se considera uno de los grandes logros del equipo de la Casa Blanca el que 7 de cada 10 estadounidenses crean que Sadam Husein estaba implicado en los atentados del 11-S? El escritor, periodista y cineasta John Pilger nos dice que los que gobiernan el mundo han puesto en marcha una "guerra total" en la que ya no se habla de escenarios sino en controlar el mundo. La guerra contra el terrorismo es la guerra interminable, en cada momento según se precise en el lugar que se designe, o que señale la iluminación divina; y una de sus armas más potentes es la pseudoinformación. Es precisamente en esa estrategia en la que los medios se convierten en pieza clave para bombardear nuestras conciencias. "Disentir es permisible dentro de unos límites "consensuados" –dirá Pilger– y refuerza la ilusión de que la información y la expresión son "libres". En esta lógica, las informaciones sobre Cuba son aparentemente dispares si vienen de los medios controlados por unos u otros intereses económicos, pero curiosamente, si uno se fija bien, hay más coincidencias que discrepancias.

Virulencia y agresividad

¿Por qué tanta insistencia y tan coordinada y coherente en todos los medios de comunicación sobre el tema cubano? ¿Por qué tantas coincidencias cuando aparentemente hay diferencias ideológicas de fondo? ¿Qué intereses comunes comparte TVE, Antena 3, El País y el ABC? Probablemente haya matices, pero la virulencia, la agresividad y sobre todo la profusión con que se aborda el tema los borra y unifica las audiencias: "para los de derechas, para los de izquierda, para los descreídos, para los ilustrados, para los apáticos, para los militantes, para todos…" ¿Qué cualidad natural o adquirida poseemos todos los espectadores, lectores y oyentes para que tengamos que recibir el mismo mensaje implícito y explícito sobre Cuba? Pierre Bourdieu señalaba, hablando de la televisión, que las diferencias evidentes ocultan profundas similitudes derivadas de la utilización de los mismos mecanismos y de operar según la misma lógica. ¿Por qué es tan peligrosa Cuba? ¿Para quién? ¿Qué extraño mecanismo nos hace repetir una y otra vez las mismas consignas y lugares comunes sobre Cuba convirtiéndonos así, al margen de nuestras buenas intenciones, en un instrumento más de propaganda?

* Ángeles Díez Rodríguez es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología y miembro de Aire Comunicación.

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